La sincronicidad.

LA SINCRONICIDAD..

El universo es más milagroso de lo que suponías. Todo está planeado tan exquisitamente que en cualquier momento todos recibimos de los demás actores de nuestra vida las enseñanzas que necesitamos. Los maestros espirituales enseñaban que todo es uno; que el progreso tuyo es el progreso mío, que tu aflicción es mi aflicción. También decían que todo estaba relacionado a un determinado nivel. El concepto no es fácil de entender, pero explica por qué, cuando nosotros cambiamos, todo cambia a nuestro alrededor.

El cambio de pautas mentales consiste en pasar de ver un mundo hecho de cosas físicas a ver un mundo de posibilidades, abierto y fundamentalmente hecho de relaciones. Cuando ocurre este cambio nuestro sentido de la identidad (quiénes somos) también cambia y empezamos a aceptarnos mutuamente como seres humanos interactuando en los tres niveles de existencia.

También vemos que es prácticamente imposible que nuestras vidas carezcan de significado.

Cuando comenzamos a “comprometernos” a un nuevo tipo de compromiso, hay un flujo a nuestro alrededor. Las cosas parecen ocurrir sin más. Estamos en un estado de compromiso y rendición y empezamos a experimentar lo que se ha dado en llamar «sincronicidad».

La sincronicidad es un principio de conexión no causal, una coincidencia significativa de dos o más sucesos en la que está implicado algo más que la posibilidad aleatoria. Es la ocurrencia simultánea de unos eventos que corresponden a un mismo sentido, sin que haya entre ellos relación de causa y efecto.

Los acontecimientos sincronizados son una señal de que nos hallamos recorriendo el sendero adecuado, que no somos meros observadores, sino participantes de una red cósmica interconectada.

La sincronicidad es un resultado. Es importante comprender las causas subyacentes de la sincronicidad porque, si no lo hacemos, podríamos intentar producirla de la misma manera que intentamos controlar el resto de nuestra vida.
Cuando entramos en sincronicidad con el Universo, a través de nuestro cambio interno; los llamados “milagros” comienzan a surgir en la vida de forma cotidiana
Si admitimos la idea de la sincronicidad, entonces nuestra vida tiene sentido, todo acontecimiento de ella y toda persona que intervenga obedecen a un sentido y no nos sentimos como víctimas cuando las circunstancias aparentemente no nos favorecen.
Si admitimos que estamos conectados al Universo, tendremos que asumir más responsabilidades, incluso cara a los demás. Lo que significa, “hacernos cargo de nuestra vida en forma completa”, trayendo al plano físico y mental todo lo que nos resulte significativo del plano espiritual, universal, y ver a los demás y a mí mismo como un todo unificado a una Energía superior.

Las personas felices y eficaces abrazan este concepto de «unidad». Para ellas todo lo que ocurre contribuye al sentido de su vida. Confían en que las circunstancias se sincronizarán a su favor.
Nada de lo que aparece en nuestra vida se puede fundamentar como algo exterior a nosotros que nos cae del cielo, las hemos creado nosotros.
Algo que estaba latente en nuestra mente, se materializa en algo real y encuentra su expresión, ya sea una pareja, un trabajo, una ruptura, etc.
Esto lo hacemos sincronizando nuestra inquietud interna, nuestros pensamientos, con determinados sucesos que ocurren pero que reflejan con la misma exactitud que un espejo, aquello que estábamos sintiendo o pensando en un momento determinado.

La sincronicidad es mágica porque al ver como se expresa algo que estaba en nuestro interior, nos damos cuenta que nuestra vida responde a un patrón determinado.
La progresión es como secuencias de esa película y si sabemos relacionar una secuencia con otra, podemos ver o adivinar la película entera.
El primer paso que debemos dar para afrontar, es ser concientes de que los creadores del cambio que vamos a afrontar somos nosotros mismos, que todo lo que nos ocurre lo hemos decidido nosotros, desde nuestro ser más profundo, no con nuestra voluntad ni decisión consciente pero al fin y al cabo lo hemos elegido.

Si fuéramos conscientes del porqué de todas las cosas, estas situaciones no supondrían ninguna dificultad ni inquietud, porque veríamos la película completa y sabríamos el final de todo, pero como éste no es el caso, tenemos que ver el tránsito secuencia a secuencia, intentando hacer lo mejor que podemos en cada momento, es decir empleando el factor tiempo y viendo de qué manera la progresión se va sincronizando en nuestra vida con algo equivalente en el exterior, cómo lo va creando y lo vamos asimilando, cómo reaccionamos, cómo lo aceptamos o lo rechazamos.

La sincronicidad es una ley que funciona incluso en pequeños detalles cotidianos, cuando un día modificamos nuestros pensamientos acerca de algo y de repente empiezan a ocurrir cosas relacionadas con ese cambio de actitud mental.
Cada cambio de actitud mental, la ruptura de los viejos patrones de los que hablábamos, esos que surgen de la experiencia, proviene del alma universal.
Todo lo que existe en algún lugar del mundo también existe en nosotros. Cuando aceptamos esos distintos aspectos de nuestro ser, reconocemos nuestra conexión con la conciencia universal y expandimos nuestra conciencia personal.

Por esta razón, el desarrollo de las relaciones es la actividad más importante de nuestra vida. Todo lo que vemos alrededor es una expresión de nosotros mismos.
Por todo esto, las relaciones son una herramienta para la evolución espiritual cuya meta última es la unidad en la conciencia. Todos somos inevitablemente parte de la misma conciencia universal, pero los verdaderos avances tienen lugar cuando empezamos a reconocer esa conexión en nuestra vida cotidiana.

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