Negamos nuestra propia belleza

La belleza está presente en todo lo que ha sido creado. Pero el peligro está en el hecho de que, como seres humanos muchas veces apartados de la Energía Divina, nos dejamos llevar por el juicio ajeno.
Negamos nuestra propia belleza porque los otros no pueden, o no quieren, reconocerla. En vez de aceptarnos como somos, procuramos imitar lo que vemos a nuestro alrededor.
Buscamos ser como aquellos a quienes todos dicen: “¡Qué bonito!” Poco a poco, nuestra alma se va debilitando, nuestra voluntad disminuye, y todo el potencial que teníamos para enfrentar al mundo deja de existir.
Olvidamos que el mundo es aquello que imaginamos ser.
Dejamos de tener el brillo de la luz y pasamos a ser la poza de agua que la refleja. Al día siguiente, el sol evaporará esa agua, y nada quedará.
Todo porque alguien dijo: “Eres feo”. U otro comentó: “Ella es bonita”. Con sólo dos o tres palabras, fueron capaces de robarnos toda la confianza que teníamos en nosotros mismos.

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